“Equilibrio en el filo de la visión”, Kimberly M. Blaeser

Kimberly M. Blaeser fue la poeta homenajeada de Wisconsin (Poet Laureate) entre 2015-2016. Es autora de cuatro colecciones de poesía (las más recientes: Copper Yearning y Apprenticed to Justice); y editora de la antología Traces in Blood, Bone, and Stone: Contemporary Ojibwe Poetry. Una colección bilingüe de su poesía, Résister en dansee / Dancing Resistance, se publicará en Francia en 2020. Kimberly es  activista Anishinaabe, originaria de la reserva White Earth. Es profesora en la Universidad de Wisconsin-Milwaukee, y miembro de la facultad de Escritura Creativa en el Instituto de Arte Indígena en Santa Fe (Nuevo México). Sus fotografías, picto-poemas y poesía ecfrástica se han presentado en varias exhibiciones, incluyendo “Ancient Light” y “Visualizing Sovereignty”. Ella vive en los bosques y humedales de Lyons Township en Wisconsin y, durante breves periodos cada año, en una cabaña con acceso al agua adyacente al Parque Natural Aguas de la Frontera, donde persigue poemas, fotos y nutrias de río, algunas veces todo a la vez.

© Traducciones de Andrea Echeverría y Juan G. Sánchez Martínez

Declaración de la artista

Veo mi trabajo de escritura y fotografía como un “acto de atención”, como una forma de ver y volver a ver el universo dentro de nosotros y a nuestro alrededor. Mis poemas y fotografías a menudo llaman la atención sobre las heridas de nuestro mundo: la degradación ambiental, las inequidades raciales y de clase, el sufrimiento humano. Pero es igualmente probable que mi trabajo se centre en las complejidades del mundo cotidiano (“las garras translúcidas de los ratones recién nacidos”) o de los diversos caminos que existen para conectarse espiritualmente. El arte, al centrar nuestra atención, puede cambiar la percepción e invitar a reimaginar el significado.

Mi escritura a menudo traza un proceso de devenir, de aprender a estar en el mundo. En Anishinaabemowin, nosotros hablamos de minobimaadiziwin, el buen vivir. Debido a que estoy comprometida con este devenir, mi trabajo en literatura y las otras artes evoca la búsqueda o la sensación de inclinarme hacia la luz. En mi práctica, los lentes a través de los cuales refracto la experiencia involucran a menudo la justicia. Reúnen el volver-a-ver artístico y  la visión del spiritus latino entendido como el aliento para hablar. Para mí, spiritus, el don de la voz, implica no solo la habilidad, sino también la responsabilidad de hablar.

Esta responsabilidad de hablar, sin embargo,  a veces puede manifestarse con reserva. La poesía, en su máxima expresión, deja espacio para lo no dicho o indecible; la fotografía deja espacio para lo invisible o incognoscible. El arte se trata de preguntas y gestos. Invita al lector, al oyente, y al espectador a un proceso dinámico. La poesía, por su propia naturaleza, hace gestos más allá de sí misma; quiere abrir la superficie del lenguaje y llevarnos a la experiencia misma. Del mismo modo, la fotografía puede ofrecer gestos más allá de la mera representación. Ambas se asoman a las fronteras del ser: el equilibrio en el filo de la visión.

Los artistas no representan simplemente al mundo, aunque también hacen ese trabajo; pero en nuestros mejores días, creamos un camino que tarde o temprano se llena de silencio. Llegamos al borde de lo conocido y miramos más allá. En medio de inmensos lugares salvajes como el Parque Natural Aguas de la Frontera, por ejemplo, sabemos, no por razón, sino por instinto, que todo esto es sagrado. Degustamos nuestra propia pequeñez. En esos momentos, nuestra experiencia o “verdad” permanece en cierto nivel inexpresable. ¿Cómo dices “insignificancia humana” en la escritura cuando tratas de expresar  “pertenencia”? El arte, en el mejor de los casos, deja espacio para esta ambigüedad, esta complejidad del sentimiento.

Wellspring: Words from Water, Nibii-wiiyawan Bawaadanan/Dreams of Water Bodies, Poem for a Tattered Planet: If the Measure is Life, “Because We Come From Everything”, The Solace of Forgotten Races, Manoominike-giizis © Kimberly M. Blaeser. Cooper Yearning. Holy Cow Press, 2019. 

A Water Poem for Remembering © Kimberly M. Blaeser. Split This Rock, 2020. 

The Way We Love Something Small © Kimberly M. Blaeser. Unpublished. 

Manantial: Palabras del agua

Una infancia en White Earth rica en agua y pobre en dinero.

Ser vaporoso transformado en ciclos—

las historias aluviales extraídas de los lagos deMinnesota

cosechadas como pescado blanco, como manoomin

como viejas profecías de semillas creciendo sobre el agua.

Leyendas de los seres espirituales Anishinaabeg: 

portador de nubes Pájaro Trueno que nos traes lluvia, 

windigo de invierno como Mujer Hielo, o Mishibizhii 

que ruge con silbidos y escupitajos de río caudaloso 

gran pantera subacuática, tú nos cargas en cobre . . .

a estos tributarios de equilibrio. Arroyos. Una cosmología

de nibi. Creemos que nuestros cuerpos tienen sed. Nuestra tierra.

Un elemento Aniibiishaaboo. Riqueza

de té marrón. Como la savia del maple Ámbar. El ojo líquido de la luna.

Ahora ella voltea la marea, y cada ser unido gira 

hacia el sonido, su cuerpo de río curvándose. 

Nosotras, mujeres de aguas sin edad, perduramos; 

como cada flor bebe de la noche,

sostiene el rocío. Nuestros cuerpos un libreto, 

saturado, un acuífero —pronunciamos palabras 

de agua antigua.

Arte de Kimberly Blaeser

Nibii-wiiyawan Bawaadanan*

Wazhashk

agaashiinyi memiishanowed bagizod

biwak-dakamaadagaayin

mashkawendaman

googiigwaashkwaniyamban

dimii-miinaandeg gagwedweyamban.

Gigoopazomigoog

ninii-chiwaawaabiganoojinh akiing

ogichidaa Anishinaabe

awesiinaajimowinong, aadizookaanag

dash debaajimojig onisaakonanaanaawaa

nengaaj enji-mamaanjiding

gdobikwaakoninjiins

miidash gakina Nibiishinaabeg

debwewendamowaad.

Waabandan negawan

aah sa ongow eta

maaaji-mishiikenh-minis

minwaabandaan aakiing maampii

niigaanigaabawiying

agamigong

Wazhashk waabamang, niikaaninaanig

zhiibaasige zaaga’iganan gaye ziibiinsan

mashkiig zhawendang

mikwendang

waawiindang

ezhi-bagosendamowaad

ezhi-googiiwaad

agaashiinyag memiishanowewaad begizojig

dibiki-miikanong.

Nangodinong enji-nibii-bawaajiganan

gidimagozijig aakiing endaaying

bakadenodang

dash nagamoying

jiibenaakeying

noosone’igeying

bakobiiying.

*Traducción del inglés al Anishinaabemowin de Margaret Noodin.

Soñando con  cuerpos de agua

Wazhashk *

pequeño nadador bigotudo,

tú, esa flecha que fluye cruzando los caminos del agua

con la simple determinación

de alguien que ha buceado

Púrpura profundo en la pregunta primordial

Empequeñecido o despreciado

como una rata de agua en la tierra;

el héroe de nuestro pueblo Anishinaabeg

en los cuentos de animales, en las historias de creación

cuyos contadores  revelan lentamente,

mágicamente como en un sueño,

tu pequeño puño cerrado

Para que todas las tribus del agua

puedan creerlo.

Mira los pequeños granos de arena–

Ah, solo esos poquitos …

pero se convierten en nuestra isla tortuga

esta tierra buena y bien soñada

en donde nos encontramos parados en este momento

A la orilla de tantos cuerpos de agua

y miramos a Wazhashk, nuestro hermano,

deslizarse en piscinas, arroyos y lagos

esta tierra pantanosa santificada por

la memoria

la narración

la esperanza

el sumergirse

de elegantes nadadores bigotudos

que marcan un camino oscuro.

Y a veces en nuestros sueños de agua

nosotros lamentables habitantes de la tierra

anhelantes

recordamos, y cantando

preparamos los espíritus

para seguir sus pasos:

bakobii. **

* wazhashk: rata almizclera (Ondatra zibethicus) en Anishinaabemowin. 

** bakobii: Ve al agua.

Poema para un planeta hecho trizas: si la medida es la vida

Nacido
bajo el alero de la abundancia
        el dulce despliegue
        la temporada de la juventud de un planeta,
en el trance del capitalismo nos llenamos 
satisfechos con el status quo
halando las sombras sobre el colapso invasivo
di algo sobre el Antropoceno,
el trueque de la energía y la fortaleza sagrada de la ciencia.

Pero más allá
de la garganta del comercio, 
debajo del reflejo
           del río celestial,
dentro de la antigua belleza cobriza de pertenecer
estamos cercados
      habita el Ish,
navega por el canto del canto.

Aunque la niebla del dinero se asiente, 
y confunda la mesura
hoy el velo del misterio se transforma 
se levanta en la visión momentá nea.
                Aquí
encuentra el ritmo de un planeta hecho trizas, 
siente en el montículo de la pantera
un pulso.       Escucha —no cuentes.
Siente  un pequeño  tambor  de vida  debajo _______ .

Mi núcleo.      Soy una      antigua luz refractada
o sonido
viajando,
mi frecuencia es constante
mi voz
doblándose en ángulos
para volverse un todo en otra superficie— 
di un poema.

Di un poema
perpendicular al límite
del significado,
hazlo un prisma o posibilidad
canta sobre la tortuga o lanza el lumen mítico 
del Pájaro Trueno         aquí
en la plana    f allida de las         palabras:

Esta página             no un contrato 
sino un pacto.
Donde lo sagrado.
Cuando ni imagen ni voz
se duplicarán,
en la densa y húmeda           nube
de ser
si la medida es la vida
cada extremidad un test ágil       del árbol 
vislumbra no veas           ni calcules.

Esta Mortaja del Comercio amortaja el significado.
En la tecnología del genocidio documental
en la bonanza destructiva de la era industrial—
declara la muerte del planeta
a medida que pasa      a la velocidad del sonido en 
                                          [degradé 
sale                      al otro lado
un eco perdido de la codicia humana 
repitiéndose
repitiéndose
repiti en do

Cada esquirla del lenguaje
doblada       en complicadas fórmulas de inferencia
de posesión
como la niebla olvida     luego recuerda      forma.
Pero nosotros encontramos la medida          en la 
                                          [metáfora 
vibración    tierra    timbre.
En medio de errores métricos interminables
de la ciencia       o de la oración.
di los noventa y nueve nombres de dios: 

Gizhe-manidoo, el Gran Espíritu, o anhelo,
Sabedor de Sutilezas,
álamo tembloroso, los huesos del salmón cantados
hierba dulce trenzada,
los envoltorios de cabello sagrado de las mujeres,
este paisaje comestible—
aki, nabi, ishkode, noodin,
los diez pequeños vientos de nuestras arremolinadas puntas de los dedos,
esta danza circular de las estaciones—

el florecimiento inefable.

Con la mente como un viento sagrado
y articulando la canción nocturna del croar de una rana
llegamos.
Aquí las grullas de arena marcan el cielo.
Si la medida es la vida—
las piernas de su clan la longitud del siempre.
Aquí el espejo del lago un lienzo de creencias. 
Si la medida es la vida—
la refracción el detonante de todo saber.
Solo esto.

Ahora colocamos aseema,
los cuerpos fragantes de tabaco de nuestros parientes.
Un ofrenda cantada. 
Para hacer de las trizas un todo.
Una cuestión de supervivencia.

De correlación.

                             De visión.

La medida es la vida.
Apprenticed to Justice“, University of Wisconsin Milwaukee, 2016.

Un poema de agua para recordar

Sí, es verdad que hablo mal de los vivos
en formas codificadas divorciadas de los muertos.
Por qué Lyla June ayuna en los escalones del capitolio.
Por qué las mujeres nativas desaparecen como conejos
y reaparecen en ríos envueltas en mortajas.
El ligero desaire en la voz de un líder es una desgracia–
antes como por arte de magia nos han llevado a la guerra.
Por qué cantamos mikwendam*, incluso ahora
                 recuérdalo. En el día más frío de enero
reúnanse cerca de las aguas ancestrales, Michigami
(donde los ríos Milwaukee, Menominee,
y Kinnickinnic se reúnen como hermanas)
donde los montículos cónicos todavía se elevan en acantilados
cuento buenos caminos: audaces y azules como nibi.**

* mikwendam: recuerda.
** nibi: agua. 

“Porque venimos de todo”

                                            para Juan Felipe Herrera

Porque cada nación buzoterrestre da volteretas en las aguas primigenias
reclamo la natación sagrada­­ ­– compartimos el oscuro hacernos.
 
Porque todos los engendrados y procreados se separan por secta
limpio con humo cada línea pies bailando a cada lado, borra la división.
 
Porque venimos de todo
de la tierra de cobre y las canciones de aire no traducidas
de fuegos profundos y antiguos que arden ahora en el ojo de cada viajero
de fluidos susurros de agua y de innumerables latidos de silencio
la respiración contenida
entre frontera             y libertad
entre ola                  y orilla
entre barco                y tierra
entre salir                y llegar.
 
Porque venimos de todas partes
de White Earth y Somalia, de Yemen y Cuba y Yucatán
nuestros bolsillos míticos llenos de bendiciones para un paso seguro.
Porque las medidas alfabéticas de entradas y salidas
poder de documentos
porque los documentos: CDIB Pasaporte Visa DACA Green Card,
bloque barricada segrega cerca encierra—
el muro.
 
Porque las prohibiciones
porque las órdenes ejecutivas de las directivas
porque los decretos en papel dicen detener dicen deportar.
¡Mírate en el espejo y di Alto!
Estás bajo arresto. Debe haber una ley.
porque dentro de tus cuerpos migra sangre ilegal
porque el aire se cuela por pasajes estrechos
porque el agua se filtra por cada poro
¡construyan un muro! saquen a los malos, mantengan fuera lo asqueroso.
 
Porque las muñecas codificadas por colores y la mentalidad de las pistolas de juguete le enseñan el imperio
Porque los tuits de hechos alternativos infectan como una plaga
Porque para algunos la grandeza fantaseada es igual a la blancura uniforme
Porque el poder, la codicia y el fascismo viven en la misma cuadra
Porque las buenas cercas son mejores metáforas que los vecinos
Digo mal hecho al "derecho de paso", no al dominio eminente, no al muro.
 
Porque respiro tu aire, tú respiras el mío
Me das tu aliento, yo te doy el mío
Porque compartimos la misma dependencia elemental
pertenecer juntos a este lugar vivo: aki, nabi, noodin, ishkode
tierra agua aire fuego y la bendita llegada y salida de las estaciones
las idas y venidas de cada pariente animal
los cielos adornados ahora con bineshiinyag*, cantos alados de regreso
sin rastro de identidad en papel; solo esto–
la migración esencial de todo ser.
 
Porque venimos de todas partes
Reclamamos esta tierra segura para todos,
en todas las lenguas: anishinaabemowin, árabe, español, braille, dakota,
inglés: decimos proporcionen un amparo, otorguen un refugio
nómbrenme una ciudad santuario.

* bineshiinyag: aves. 

El consuelo de las razas olvidadas

Una vez más ogitchidaa * enciende las pipas:

tinta perfumada serpenteando en la atmósfera,

una marca en el cielo del solsticio, ascendiendo

sonora como signo de ciervo en diciembre.

Mientras la banca sube hoy cae sube,

los camioneros se duermen con los motores en marcha,

un oasis entre turnos de dieciocho horas,

y América acelera su frenesí de biocombustibles

para conjurar desde el sombrero de un político

circunvalación tras circunvalación en la Oficina de Transportes,

esta artimaña, borradura progresiva contraída

de arrozales, pastales de ovejas, ranchos familiares de tabla,

al lado occidental del supermercado Búho Rojo.  

Ahora en la quietud de una luna de archivo,

las tribus perdidas de muchas naciones se reúnen

descifran glifos míticos escondidos

bajo las esquinas dobladas de libros enormes.

Hábilmente levitamos el ocre: antiguas

historias pintadas, cantadas, destinadas a ser quemadas.

Plantas medicinales, escudos, bailes eclipsados,

congregándose aquí en los campos de pasto dulce de los olvidados.

Fuera del alcance del GPS y sus juegos y pitidos,

más allá del anhelo de una economía de consumo rápido desde el carro,

camuflada bajo la “cultura popular” de seudo-intelectuales:

un tambor curativo, el olor del cedro

y el origen que sigue siendo cobre y vida.

* ogitchidaa: guerreros.     

 

La forma en que amamos algo pequeño

Sonidos vocálicos desde una tierra

el lenguaje aún no perdido: 

Mooningwanekaaning-minis. *

Mi lengua también una isla

nadando por donde Miigis ** se yergue.

Este dolor pequeño pero creciente

el lugar donde lo guardo.

* Mooningwanekaaning-minis: Mooningwanekaaning significa “casa del  pájaro carpintero de pecho dorado” y Minis significa “isla”. Este es el nombre en Anishinaabemowin para la Isla Madeline.

** Miigis: Se refiere tanto a la concha cowrie como a la concha usada por la Sociedad Midewiwin. La gran Miigis figura en la historia de la migración de los Ojibwe. Se dice que salió del agua, y apareció proporcionando luz y calor, guiando a las personas en su viaje.

Manoominike-giizis *

Luna del arroz nativo

cuando sus cañas como brazos gimen

igual que los vientos de otoño entre el pino blanco. 

Los viejos ritmos encuentran las manos

doblando y machacando el arroz,

granos de arroz cayendo

cayendo al fondo sobre las costillas de madera

de las canoas que se llenan de recuerdos: 

los mocasines nuevos bailan por el arroz

soplos de viento espíritu levantan 

y llevan la cáscara soplada como historias cansadas

sobre cedazos de abedul.   

Ahora numerado

por libras, estaciones o generaciones

astillas delgadas del grano seco

ahora marrón y con ese sabor

fuerte de los lagos del norte

centenarios.

* Manoominike-giizis: la luna llena (agosto o septiembre) que coincide con la cosecha del arroz nativo en la red de lagos que comprende el territorio Anishinaabe a ambos lados de la frontera US/Canadá. 

Más sobre Kimberly M. Becker

  • Entrevista sobre su proceso creativo, Wisconsin DPI, 2015. 
  • Poemas: “Rosetta Stone, Two”, “The Dignity of Gestures” y Picto-Poem “Eloquence of Aki.About Place Journal: Dignity as an Endangered Species in the 21st Century.  Ed. Pam Uschuk, Cindy Fuhrman, & Maggie Miller.  May 2019.
  • Performance en la Radio Pública de “A Song for Giving Back,” en el marco de “Making Waves: Live in Milwaukee,” To the Best of Our Knowledge, May 05, 2018.

Sobre los traductores

Andrea Echeverría es profesora asistente en Wake Forest University. Es autora de un libro sobre migración e identidad en la poesía de dos escritores peruanos titulado El despertar de los awquis: migración y utopía en la poesía de Boris Espezúa y Gloria Mendoza (Paracaídas Editores & UNMSM, 2016), así como de varios artículos de investigación acerca del papel del ritual y la memoria en la poesía mapuche contemporánea. Actualmente escribe un libro que estudia la poesía y el arte visual de autores y artistas mapuche contemporáneos.

Juan G. Sánchez Martínez nació en Bakatá, en los Andes colombianos. Dedica su escritura creativa y académica a las expresiones culturales de los pueblos indígenas y a sus modos de estar en el mundo. Su libro de poesía, Altamar, fue galardonado en 2016 con el Premio Nacional de la Universidad de Antioquia en Colombia. Teje y traduce para Siwar Mayu. En 2019, co-editó con Fredy A. Roncalla: Muyurina y el presente profundo (Pakarina/Hawansuyo). Es profesor en UNC Asheville.