Daniel A. Molina Sierra- Bogotá, Colombia

Daniel es artista independiente y Maestro en Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia. Sus obras, en las que relaciona arte y naturaleza, han recibido diversos reconocimientos como la beca de creación Arte y Naturalezadel IDCT (Bogotá, 2006) con su proyecto Audioespectros, el Premio de la convocatoria Jóvenes sin Indiferencia (Bogotá,2007) con el proyecto in situ: Jardín Tóxico, y el Premio del Público 2008 del Salón de Arte Joven Club El Nogal. En el 2010, asumió la Curaduría de Arte Nómada: Proyecto Bogotá in Helsinki, Kääntöpaikka (Helsinki, Finlandia), y en el 2011 gestionó la adquisición de arte y cultura Embera y Cofán por el Kulturien Museo y KIASMA Museo de Arte Contemporáneo (Helsinki, Finlandia). En el 2011 y el 2012 también coordinó el Laboratorio de Creación en el departamento de Nariño: Paisajes Activos, al que accedió por convocatoria del Ministerio de Cultura. En 2017, exhibió su obra en Chateau Saint Suzanee – Musee Robert Tatin. Y en 2018, participó en el Museo Nacional de la Memoria (COL) con su obra “En memoria del Río y de su gente. Kimi Pernía”.

En palabras del artista: “…he trabajado arte con todo tipo de comunidades en diversidad de proyectos en zonas marginales de la ciudad y el país. Compartiendo con parte de la megadiversidad tanto biológica como cultural que habita en el territorio que llamamos Colombia, descubrí el tejido como filosofía profunda, y la teoría del color como color en acción, color en práctica, arte en movimiento. La vida en el trópico es de altos contrastes y colores agudos. Viviendo en los bosques tropicales he sido invitado por las comunidades nativas a descubrir la verdadera América en la contemplación directa profunda, que ha sido la mejor maestra para escuchar con los ojos el mensaje de los misterios que revolotean con antenas o plumas, y la palabra que expresan las plantas por todos los sentidos.”

 

“Uso la mostacilla pegándola sobre diversas superficies, “ritualizando” esta acción, haciendo del acto de pintar el de tejer y el de meditar, una invocación visionaria activa.  Son tiempos de crisis en el que las artes se activan como fuerzas aliadas a la vitalidad del planeta, cumpliendo una función sanadora frente a los graves peligros que nos acechan. Hago un esfuerzo cotidiano por estar ahí, concentrado en esa energía reverdecida, sin tregua, bombardeando con color desde mi silenciosa trinchera camuflada en las montañas andinas.” Daniel Molina Sierra

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